UNA MURGA

Por Diego Rodríguez el 23-02-2020 09:02

En el fin de semana de Carnaval Independiente le quitó la alegría a su público con una pobrísima actuación contra Gimnasia.

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El Carnaval es sinónimo de alegría y también de esperanza, todo lo contrario a lo que marca la actualidad de Independiente. Para colmo, en la previa llegó Maradona con todo lo que eso significa, una revolución en cada cancha que pisa.

El momento de la salida de los equipos al campo tenía la fisonomía de un partido homenaje al futbolista más importante de todos los tiempos. Y si a eso le sumamos la presencia de Bochini, el raro clima de fiesta en medio de un presente muy gris de los Rojos pareció alejar a todos del verdadero objetivo: ganar para salir de este momento deportivo-institucional complicado. Ganar y, al menos intentar, jugar bien.

Ayer se enfrentaron dos equipos a los cuales la presión y sus propias limitaciones los alejan del objetivo central; Gimnasia para escaparle al descenso e Independiente para encaminar un presente que parece llevarlo directo a un barranco.

Imposible correrse del clima de fiesta, imposible acertar un pase a otro de rojo, imposible generar una jugada con sentido colectivo. El conjunto de Pusineri se repitió en los errores de los juegos anteriores. Errores dentro y fuera de la cancha. Porque los futbolistas son quienes toman las decisiones erradas dentro del campo, pero no son los únicos que equivocan el sendero.

Si el pibe Barreto denuncia inmadurez en su juego, no significa que no pueda jugar en este club. Quizá este no sea su momento, o quizá no sea la manera, pero la urgencia de suplantar la repentina salida de Franco así lo requiere.

Un plantel corto que comienza a coartarle soluciones al entrenador, una dirigencia incapaz de detener la hemorragia financiera y la salida de los futbolistas del plantel para apagar los focos de incendios económicos provocados por contratos u obligaciones impagables.

Ese combo explosivo da como resultado situaciones que esta gloriosa camiseta no merece. Jugadores propios silbados por bajísimo rendimiento, pibes que saltan al terreno de juego como un pollo a una parrilla para intentar emparchar un presente incinerante, rivales que se agrandan cuando ven que a los nuestros les tiemblan las rodillas, dirigentes que dejan el estadio con custodia policial.

Un túnel negro, sin luz ni salida posible al momento. Lejos de la alegría y la esperanza que el Carnaval supone.

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